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Sin recursos (ni créditos) no hay paraíso

Manos de confiazaAnuncios, sobran. Medidas concretas, no. Al menos, hasta ahora todo parece ser señales para cambiar el humor de la gente. Algunos, contentos, porque habrá una gran amnistía de impuestos. Otros, preocupados, porque falta financiamiento para las pymes. En este contexto nada es fácil.

 

La semana estuvo marcada -a fuego- por los anuncios del Jefe de Gabinete de Ministros, Sergio Massa, tendientes a inyectar una dosis de optimismo en la gente en tiempos de crisis. "La moratoria más importante de la historia", definió el funcionario al paquete de medidas que tratará el Congreso de la Nación antes de entrar en receso. Habló de alcances a las pymes, grandes empresas, y particulares.

Sin embargo, el problema de fondo no es una cuestión de optimismo o pesimismo sino de recursos. Un dato clave para tener en cuenta a la hora de analizar el contexto de la economía nacional es que las pymes son la base de la creación de empleo y, como bien se dice, dinamizan la economía. Pero esas pymes están relegadas por la asistencia financiera de la banca oficial o privada: sólo el 8% de las pequeñas y medianas empresas de Argentina cuenta con crédito para su negocio, mientras que el 90% de las pymes todavía cubre sus gastos con medios de pago como el efectivo y principalmente los cheques. Los datos surgen de un estudio privado realizado por la consultora Nielsen y Visa en el marco del trabajo "Perspectivas de las PyMEs en Argentina y América Latina".

¿Puede entonces un empresario marplatense pensar que con la megamoratoria aprobada el escenario será diferente? Pues bueno: si la empresa en cuestión está atrasada en el pago de impuestos quizás pueda mejorar su situación frente al fisco; pero si la empresa ha cumplido rigurosamente con sus pagos pues entonces las medidas le serán indiferentes. Bien dijo Héctor Domínguez, vicepresidente de la Cámara Marplatense de Empresas Comerciales y de Servicios (CAMECO) al ser entrevistado por la prensa: "es una lástima que el proyecto no ayuda a quienes están al día y ya sufren inconvenientes para afrontar sus obligaciones corrientes y mantener sus dotaciones de personal".

En este contexto, el Estado debería planificar cómo ayuda a quienes tuvieron problemas y de que manera recompensa a quienes cumplieron, que son muchos (si no fuera así ya hubiera quebrado el país).

Por eso, lo que viene es un profundo debate de cómo sinergizar entre el privado y el Estado, cómo generar puestos de trabajo y favorecer la creación de riquezas, cómo hacer crecer la economía desde la virtud del progreso y no desde el fundamentalismo tributario. Parte de eso puede lograrse si, en principio, se flexibiliza el pago de impuestos (nacionales, provinciales y locales), y si se crean líneas de crédito de fácil acceso para la inversión productiva, desarrollo de nuevos emprendimientos y líneas de producción, modernización de tecnología y elevación de capital de trabajo.

El Estado tiene las herramientas. ¿Se animará a hacerlo?

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